Más de 30 millones de gallinas ponedoras murieron durante el último trimestre de 2024, la mayoría sacrificadas en un esfuerzo por contener la propagación de la grive aviar
Cerca de 100.000 huevos, valorados en más de 40.000 dólares, fueron robados el pasado sábado de un remolque de una compañía distribuidora en el estado de Pensilvania (EE.UU.), un incidente que pone en evidencia la creciente escasez de este producto. Esta crisis ha sido desencadenada, en gran parte, por el cruel sacrificio de millones de gallinas ponedoras debido a brotes de gripe aviar . La pérdida de estos huevos no solo representa un golpe económico, sino también un reflejo de las fallas de un sistema de producción que depende de prácticas inhumanas y vulnerables.
Según datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), más de 30 millones de gallinas ponedoras murieron durante el último trimestre de 2024, la mayoría sacrificadas en un esfuerzo por contener la propagación del virus. Esta cifra alarmante subraya cómo las condiciones en las que se crían estas aves agravan las consecuencias de las enfermedades. Los brotes de gripe aviar suelen intensificarse en invierno debido a la migración de aves silvestres, que actúan como vectores del virus. Además, los climas fríos prolongan la viabilidad del virus en superficies, ya que el calor y la luz solar, que podrían desactivarlo, son escasos. Sin embargo, un factor crítico que facilita su rápida propagación es el hacinamiento extremo, una característica inherente a los sistemas de jaulas en batería.
Estas jaulas, diseñadas para maximizar la producción en el menor espacio posible, someten a las gallinas a condiciones deplorables que no solo favorecen la transmisión de enfermedades, sino que también las condenan a una vida de sufrimiento. Igual que en EE.UU., en Colombia miles de gallinas ponedoras son confinadas de por vida en pequeñas jaulas metálicas del tamaño de una hoja de papel, un espacio tan reducido que les impide moverse con libertad o realizar comportamientos naturales . Esta falta de bienestar tiene consecuencias devastadoras tanto para las aves como para la sostenibilidad de la industria avícola.
Estudios han demostrado que las gallinas en jaulas de batería enfrentan múltiples problemas de salud y bienestar. La inmovilidad las lleva a desarrollar osteoporosis y fracturas óseas, ya que sus músculos y esqueletos se atrofian por la falta de ejercicio. No pueden estirar sus alas, anidar ni bañarse en polvo, actividades esenciales para su higiene y equilibrio emocional. El hacinamiento, además de aumentar el riesgo de enfermedades zoonóticas como la gripe aviar, genera un estrés constante que debilita su sistema inmunológico, reduciendo su capacidad para resistir infecciones. Encerradas en estas jaulas, las gallinas viven sobre un suelo de alambre que les causa heridas en las patas, mientras el contacto permanente con sus propios excrementos agrava su deterioro físico y mental.
La relación entre las jaulas de batería y la propagación de enfermedades es innegable. El ambiente insalubre y la falta de ventilación convierten estas instalaciones en focos ideales para los patógenos, poniendo en riesgo no solo a las gallinas, sino también a los consumidores y a la economía, como lo demuestra la escasez de huevos en EE.UU. En Colombia, esta misma realidad amenaza con replicarse si no se toman medidas urgentes para cambiar las prácticas de la industria.
En la Plataforma Colombiana por los Animales -ALTO, estamos decididos a erradicar estos sistemas crueles e insostenibles. Trabajamos en iniciativas para que los 'sistemas de producción de huevos' basados en las jaulas de batería sean cosa del pasado, promoviendo alternativas que respeten la vida de las gallinas.